Conocí a la generación heroica que caminó en el desierto donde pocos los oían, porque los poderes dominantes hablaban de Estados omnímodos, que se imponían sobre sociedades catatónicas, espantos sin huesos en la realidad que los tiempos demostraron que fueron causa de grandes males. También entre nosotros.
La tinta que usaron para escribir los fundamentos del partido; con Aristóteles y Santo Tomás en los ejes de coordenadas, sugirió después que otro de los ideólogos de su huella dijera que había tenido lugar un triunfo cultural antes que cualquier triunfo político y que en esto radicaba el triunfo buscado, en cuanto finalmente preservó el anhelo integral mexicano, libre de las contaminaciones de los filósofos sedicentes que hundieron a Europa en dos épocas funestas.Nunca he creído que su pensamiento lo dirigieran sólo a los cuadros generosos que lo hicieron organización. Quedó ahí, en la mesa de los que un día sintieran el impulso de servir a su país según su amor los mueva. Una siembra de la democracia a voleo. En los tiempos en que lo dieron al viento, era audazmente nuevo, ahora permanentemente nuevo.
Como Moisés, sólo divisaron la Tierra Prometida, se volvieron a su planeta, confiados en que los seguidores que llegaran un día, la llenarían de cultivos verdes y nunca adorarían a otros dioses que no fueran los de su pueblo.
César Leal.
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